martes, diciembre 01, 2009
jueves, noviembre 12, 2009
martes, octubre 20, 2009
fffuit
Y así, de repente, todo comenzó a oler a naranjas.
Yo misma sentía el perfume dentro de mí, internarse por entre mis poros, sujetar mis órganos internos, explorar el corazón.
Y aunque yo avanzaba, ahí se quedaba, flotando en el ambiente, jugando con la cola de los perros, formando una nube olorosa y fresca. Demasiada fresca para un día martes.
Debería agradecerle, sonreírle, preguntarle su nombre a la señora boliviana que todos los días exprime naranjas en la esquina de mi casa, silbando una melodía feliz, una musiquilla que de seguro endulza más el natural zumo de la fruta.
Ella que perfuma, que inunda de frescor una calle céntrica, merece un abrazo, una mirada amistosa, una demostración de agradecimiento por hacer de las ocho de la mañana una hora feliz, una hora salvaje con olores de selva y fruta.
Si, de repente todo comenzó a oler a naranjas.
Y es un buen comienzo para una historia.
miércoles, septiembre 30, 2009
Musaños

martes, septiembre 29, 2009
Plop

Es como si me dijeran que Juanito Yarur o Carlos Cardoen se ganaron 50 millones de pesos para sus respectivos proyectos “culturales”.
Si bien la democracia permite que todo chileno o chilena o extranjero con residencia en Chile postule a los fondos que entrega el Consejo de la Cultura y las Artes, hay algo que se llama ética y es, precisamente, lo que hace que NO TODOS los chilenos y chilenas postulen a estos fondos que no sólo están destinados a financiar proyectos culturales sino que también aquellos proyectos desarrollados por personas que,precisamente, no cuentan con los recursos monetarios necesarios para llevarlos a cabo.
Así, se entiende que un escritor o fotógrafo de Aysén, que ha dedicado una buena parte de su vida a su oficio, con esfuerzo y creatividad, sea beneficiando por el Fondart. O un escritor novel, esforzado y estudioso. Incluso, algún loquito artista plástico con una buena propuesta pero sin un peso para desarrollarla y BENEFICIAR al país.
Porque de eso se tratan los fondos de cultura, de una retroalimentación. De un descubrimiento en pos de un mejoramiento de la calidad del arte en Chile, un arte que identifique al país acá y en el extranjero, y que brinde la posibilidad a aquellos que no la tienen de abrir su espectro cultural y humano haciendo su arte o aprendiendo más para hacerlo.
Entonces, sí que encuentro grosero que el teatro Mori haya ganado 99 millones de pesos en el Fondart de este año. Grosero porque sé que los dueños de ese teatro manejan recursos personales bastante cuantiosos como para enchular su proyecto cultural sin tener que postular a los fondos de cultura. ¿El derecho? Claro que lo tienen, pero repito la palabra clave: ética.
Por otro lado, el estado beneficia a esta sala de teatro que se caracteriza por, implícitamente, ser punto de encuentro de lo que podemos llamar “elite cultural”, cerrando así, aún más, el concepto de la palabra cultura. Elite en el sentido de que después de pagar cinco mil pesos por ver una obra, pagan casi nueve mil pesos por un plato de comida en el restaurante del para nada modesto Centro Cultural Mori.
A mi, me encanta comer rico y he pagado caro por un plato.
Pero no todos pueden pagar una entrada de ese precio para después disfrutar un plato que equivale a tres almuerzos "normales".
Y todo esto simboliza el "carácter cultural" del teatro Mori.
Y a esto va dirigida mi crítica.
Mi crítica es que estos fondos de cultura DEBEN estar destinados a ABRIR la cultura, hacerla popular, partícipe del pueblo y viceversa; potenciar la DIVERSIDAD y evitar el ENCASILLAMIENTO.
Pero si los dos rostros de las casas comerciales más famosas de Chile se ganan 99 millones de pesos ¿Qué puede pensar la gente? ¿Qué pueden sentir los otros miles de artistas que no han pedido ni la décima parte de los que estos pijecitos se ganaron y, sin embargo, sus proyectos fueron rechazados por esas misteriosas razones del CNCA?
No critico la calidad del proyecto que Vicuña y sus socios presentaron. Critico la poca ética del CNCA al decidir financiar un proyecto que puede ser financiado de muchas otras maneras, sobre todo PRIVADAS, en desmedro de todos los otros proyectos que no pueden ser financiados de ninguna manera, salvo, con el dinero del estado.
Como se dice popularmente, ya estoy curada de espanto.
Pero esto no quita que más que sorprenderme me entristezca y enfurezca el CÓMO se desarrolla la cultura en Chile.
Qué, como vemos, pertence a unos cuantos que deciden y a otros pocos que reciben.
martes, septiembre 15, 2009
Cassè

Algo roto es algo marcado.
Inevitablemente.
Aunque existan los pegamentos más pegajosos.
Cuando algo se rompe, queda marcado con esa fisura casi imperceptible pero sutil y perturbadoramente notoria.
Lo roto está ahí y siempre estará.
Como una costura apurada, un plato picado, un azulejo trizado, la madera raspada.
Esas marcas de lo roto y ajado.
En la vida, en nuestro cuerpo, en el espíritu.
En lo que se ve y en lo que no, lo roto queda como la manifestación de la vida de los otros en la propia.
Y, también, de cómo una misma se rompe, se aja, se daña.
Nada se puede hacer, sólo tratar de pegarlos y de que permanezcan unidos.
O, simplemente, dejar los pedazos tirados en una parte de la historia, inmóviles, congelados.
Lo roto y lo nuevo deambulan en la vida.
Cuando las cosas que verdaderamente me importan se rompen, me transformo en una especie de artesana. Trato de unir, de moldear, de lijar. Restaurar, coser; sabiendo muy claramente que lo roto siempre va a quedar porque cuando lo que se rompe es aquello que más nos ha hecho felices, la torpeza por querer recuperarlo deja las marcas más grandes porque implica el trabajo más delicado.
He sido artesana como también he barrido los pedazos, tirándolos a la parte más honda de mi propio basurero.
Y así y todo, lo roto permanece.
En la memoria, en la de los otros.
Quizás cada uno es algo roto, que se compone día a día. Con los pedazos viejos o con los nuevos.
No sé.
Sólo digo que la vida que se rompe, lo hace una y otra vez.
Y que espero no quedar ciega recogiendo los pedazos más pequeños.
martes, septiembre 08, 2009
Muro

En agosto cumplió 5 años y me ha dado por releer los antiguos post.
Ese ejercicio morboso que una hace consigo misma sólo para saber cuánto más y cuánto menos nos queda de la persona que escribió en el pasado, sea cual sea ese pasado.
A mi, este íntimo ejercicio me ha servido para reinvindicar ciertas cosas y suspirar entristecida por otras; para enaltecer ciertas partes de mi personalidad como para lamentar ciertos exabrutos bastantes brutos, por cierto.
Este blog, sin querer queriendo, ha sido la más pública expresión que ha tenido mi vida. Y si bien esto podría hacerme parar los pelos, más me emociona y lo agradezco porque ha sido la expresión, así como más pública, más noble, sincera, desvergonzada y, hasta, irracional que he tenido en mi vida virtual. Y, mirado desde el punto de vista humano, esto es tierno y consecuente con lo que soy en mi vida "análoga".
Este blog ha sido una voz, chillona a veces, susurrante otras, que me ha permitido decir sin decir y, frente a eso, experimentar un tipo de comunicación bastante curiosa para una persona que necesita comunicarse físicamente pero, a la vez, bastante cercana y lógica para quién sólo tiene las palabras como vía esencial de comunicación.
Este blog ha sido compañía, gesto, espejo, puente, ego, furia.
Ha sido una parte de mí, que está en mi pero no.
Ha sido un vicio, una conducta adrede.
Un muro.
Un torpedo.
Pero, por sobre todo, ha sido lo que es: un cuaderno de borrador.
Celebro la vida de este cuaderno para nada ajado, y lleno, repleto, atiborrado de pegatinas y besos desconocidos.
Es la vida para una escritora y la sangre para un lector.
Si no, ¿cuál es el brillo?
domingo, agosto 16, 2009
T.Q.M

Atesoro esos papeles como quién atesora el vestigio sagrado de la inocencia, la puerilidad y la infancia en el más amplio sentido de la palabra.
Me veo en esas fotos y encuentro a una niña como cualquier otra, con una infancia querida, cuidada, respetada.
Veo mi exhuberante y rubio pelo adornando una cara rosada siempre sonriente.
Acompañada de otras niñas igualmente sonrientes.
Incluso, algunas de esas niñas me siguen acompañando, y son, a la vez y junto con mis tesoros de papel, parte del vestigio de una vida pasada vivida, contada y rememorada con la alegría suficiente para decir que esos papeles podrían construir un puente indestructible a mi pasado, para poder cruzarlo cada vez que la adultez me ahogue con sus números, sus relojes y sus estructuraciones existenciales.
Puedo decir, después de leer un diario de vida de 1992, que, si bien he crecido y madurado, vivido y viajado, amado y odiado, conservo algunas partes de mi discurso intacto, como si mi esencia fuera inmóvil en la cadena del tiempo.
Y eso es porque, de una forma u otra, me he respetado y defendido con uñas y dientes.
Desde pequeña, hasta ahora, he conservado intacto el orgullo que siento por mi, y este orgullo es el que me ha permitido guardar esos papeles viejos y poder reconocerme, una y otra vez, en ellos.
Ya no junto esquelas, ni escribo un diario, ni tengo los vicios extraños de la infancia.
Ahora colecciono libros, escribo un blog, y tengo los vicios propios de la adultez.
Entre estas dos líneas sigo siendo Carolina, Carito, Carola, Carolita.
Y si bien ha pasado tiempo y he guardado en cajas parte de mi vida, algo de Sarah Kay me queda, además de los cachetes rosados.
Quizás la añoranza de una regadera de metal y flores en el jardín.
Como sea, guardo y abro las cajas y respiro una vez más el olorcito del polvo de la vida que sale de mis papeles sagrados.

